noviembre 03, 2025

Círculo de lectura n° 200 - diciembre 2025

 Círculo de lectura n° 200 - diciembre 2025

¿Quién tiene la culpa?

Luis Emilio Aybar Toledo – 6 de octubre de 2025

Con el paso del tiempo, y en particular en los últimos dos años de labor como delegado del Poder Popular, me he dado cuenta de un elemento característico de la conciencia popular cubana: el sujeto que sufre la situación actual no habla mucho de las causas, prefiere señalar quién tiene la culpa.

En este señalamiento cada vez aparecen menos los factores externos y se extiende más una única respuesta: la culpa la tienen ellos. «Ellos», o cualquier expresión similar, remite al cuerpo de dirigentes del Estado cubano y viene acompañado de un matiz peculiar: mientras más alto es el cargo, más grande es la culpa.

Es sintomático que el «ellos» haya desplazado al «nosotros» y a otras expresiones afectivas y englobadoras, como la de «nuestro gobierno». «Ellos» está en tercera persona: fuera de mí, lejano a mí. Agrupa en una sola palabra a todos los dirigentes, dotándolos de una imagen negativa. No importa si en ese universo existen dirigentes sensibles, honestos y eficaces. Los matices no son relevantes, lo importante es la posibilidad de canalizar la rabia. En ese sentido, referirse a «ellos» resulta más efectivo que el concepto abstracto de Estado: la culpa puede ser personificada…

La tendencia a culpabilizar a los dirigentes nace de experiencias concretas acumuladas en los sujetos, aunque muchos cuadros eluden ese dato y terminan respondiendo con actitud similar aunque invertida, es decir, culpando al individuo: «son ingratos».

Por otro lado, la limitada presencia de los factores externos en la imaginación de la culpa también tiene su origen en determinados patrones políticos y sociales, y no puede ser reducida al impacto de la propaganda enemiga. Esta logra ser más efectiva porque las experiencias acumuladas en los sujetos le ofrecen un terreno fértil, y porque el discurso oficial cubano ha perdido credibilidad.

La credibilidad se gana con lo que se dice, pero también con lo que no se deja de decir. El discurso oficial tiene la tendencia a ocupar, con la explicación del bloqueo, el espacio que debía destinar a otras verdades. Mientras esto continué así, el bloqueo aparecerá como un discurso justificatorio — es decir, no es un problema de técnica periodística—. La tendencia a omitir las distorsiones internas no impide que la gente las viva, que la gente las sufra, de modo que lo único que se logra es un alejamiento del discurso oficial con respecto a su vida cotidiana. El silencio ante lo mal hecho tiene otro efecto terrible: los niveles superiores de dirección aparecen como cómplices de todos los problemas que se dan en las estructuras del Estado.

La dirección de la Revolución y sus órganos de expresión debieran distanciarse de manera más explícita de las tendencias negativas y, sobre todo, combatirlas con más fuerza. Esto no ha sido posible porque se sostiene un alineamiento mecánico entre el Estado y la Revolución, entre el Estado y el socialismo, entre el Estado y la patria, y entre el Estado y el bienestar del pueblo. Pero el Estado tiene un carácter contradictorio con respecto a todos esos elementos. La política del bloque monolítico no permite distinguir los elementos virtuosos de los viciosos, y facilita el gesto de meter a todos los dirigentes y a todas las instituciones «en el mismo saco». El insuficiente distanciamiento con respecto a las tendencias negativas, combinado con la verticalidad del Estado, produce en la conciencia popular una simplificación ilusoria, pero efectiva: toda la responsabilidad es de Díaz-Canel.

Estamos así en presencia de un modelo nefasto de gestión de la culpa, que ni siguiera es conveniente para el mero propósito de mantener el poder.

Paradójicamente, el propio pacto social revolucionario alimenta esta situación. La Revolución nació de un proceso de unificación en el que el pueblo depositó en una vanguardia política la conducción de la sociedad para el logro de la justicia social y el bienestar colectivo. Luego del triunfo revolucionario, las mismas metas, valores y funciones depositadas en la vanguardia fueron adjudicadas al nuevo Estado. Surgió así un rasgo característico del pacto social cubano: el Estado debe responder por todo. Es esto lo que motiva la rabia cuando el Gobierno se equivoca demasiado: el sujeto que culpa se siente defraudado, se siente desamparado y, lo que es peor, traicionado.

Cuando se compara la realidad que hoy se vive con las conquistas previas y las promesas realizadas, se dibuja una brecha. La creciente distancia entre el ser y el deber ser produce un sujeto carente, un sujeto que se siente en falta, y esa falta la personifica: siente que alguien le ha fallado. Así, la conformación estatalista y paternalista del pacto social revolucionario se vuelve un boomerang.

La culpa la tienen «ellos», incluso de lo que no hacen. Lo que produce de manera directa el deterioro de las condiciones de vida en los circuitos económicos y sociales de donde el Estado se ha retirado — una parte de los cuales son formalmente estatales, aunque en la práctica funcionen con otras lógicas— es el capitalismo y el predominio del mercado. Sin embargo, la conciencia crítica que pudiera surgir con respecto a estos factores de dominación es muy débil, porque el Estado sigue apareciendo como único responsable.

Esto no nos puede llevar a olvidar que el sujeto carente hace su catarsis desde un punto de partida que no es neoliberal, porque es el fruto de los acumulados de la Revolución y el socialismo, y su sistema de valores y expectativas. Por eso no puede pretenderse borrar o desconocer el pacto social revolucionario. De hecho, cada vez que se incurre en ese error se profundiza el descrédito y la rabia.

Nuestro pacto social debe ser transformado en un sentido liberador, de modo tal que su carácter estatalista y paternalista sea debilitado ante el avance del empoderamiento popular. Esto será imposible si no trascendemos el lugar de la culpa, que es expresión de una profunda desmovilización. Hay un conflicto velado entre una parte del pueblo — que le echa la culpa de todo al Estado— y el propio Estado — que le echa la culpa de todo al bloqueo—. Ambas posturas disminuyen la atención sobre aquellas cosas que está en nuestras manos cambiar. Dado que la culpa siempre está afuera, el sujeto no se siente parte ni del problema ni de la solución. En realidad, los problemas internos de Cuba — y el Estado mismo— son el resultado de un conjunto de relaciones sociales que todos reproducimos de una manera o de otra. No sería descabellado decir que transformar la institucionalidad cubana implica transformarnos a nosotros mismos, empezando por sacudirnos la desesperanza, que cada día se parece más a una rendición.

El sujeto carente debe ser comprendido, pero, al mismo tiempo, interpelado e incentivado a la acción. Debe dejar de ser un vociferante espectador.

En un contexto en el que convive una amplia desmovilización con un ambiente propicio para la protesta sin conducción, sería favorable que el elemento disparador proviniera del grupo dirigente, que un nuevo gesto edifique la señal poderosa de un cambio, que la acción institucional logre concretar resultados en un sentido material y justiciero, pues ya ningún discurso separado de los hechos logra movilizar al pueblo.

Todo parece indicar que esto no va a suceder. Un cambio profundo requiere un grado de conflictividad transformadora dentro del Estado que no se aviene al enfoque de unidad predominante, el cual se juzga necesario para la reproducción del poder establecido, para la «defensa de la Revolución». Tampoco se considera imprescindible ese camino. El grupo dirigente está en una zona de confort que nace de la sobreestimación del respaldo existente y de la precaria continuidad del funcionamiento institucional. Los acumulados de la Revolución fueron tan potentes que producen una inercia peligrosa.

Si el grupo dirigente desea dar el ejemplo, debe comenzar por reconocer que sus prácticas y enfoques forman parte del problema, debe comenzar por transformarse a sí mismo.

Los cambios revolucionarios que Cuba necesita deben ser impulsados por formas de presión popular, que disputen el sentido de la acción estatal y modifiquen la correlación de fuerzas a lo largo de la estructura. Las bases sociales deben reactivarse, sostener el pulso y mantener la confrontación en un marco patriótico, diferenciado de la contrarrevolución. El accionar estudiantil durante la crisis provocada por las medidas de Etecsa es un ejemplo incipiente.

El lugar de la culpa tiene un lado positivo: activa la rabia, y la rabia mueve a la acción. Los indignados de Cuba tenemos que comenzar a organizar nuestra rabia. La participación y el control popular; la lucha por la transparencia y la rendición de cuentas; la construcción y utilización de las mejores iniciativas, políticas y leyes; el cuidado cotidiano en función de los más desfavorecidos; la defensa del producto del trabajo de los cubanos, su desarrollo y su uso social; la lucha contra la explotación, la desigualdad y el privilegio — vengan de donde vengan—; el uso responsable de métodos confrontativos cuando no queda más remedio; la rebeldía contra lo mal hecho; la creación de caminos; la voluntad de no rendirse: estas son las armas con las que el pueblo de Cuba puede obtener sus nuevas victorias. Hay que empuñarlas.

 

Síntesis y conclusiones del Círculo de Lectura Nº 199

Síntesis y conclusiones del Círculo de Lectura Nº 199

“FEU-MATCOM: Los estudiantes tienen la palabra”

Este texto fue tomado del boletín electrónico La Tizza, escrito por Dailene Susel Dovale de la Cruz que es periodista y profesora, especializada en temas culturales y de enfoque de género/feminista. Imparte clases en la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana e integra su Grupo de comunicación institucional. A raíz de que a fines de mayo de 2025, la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba (Etecsa) establecía limitaciones de conectividad a internet y un alza sustantiva en los paquetes de precios, los estudiantes universitarios levantaron la voz dentro de Cuba, entre ellos, los de la Facultad de Matemática y Computación de la Universidad de La Habana, y la periodista y profesora Dailene Dovale, realizó un trabajo paciente de conversar y recolectar testimonios de ocho muchachos y muchachas en medio de la convocatoria a la no asistencia a clases o paro estudiantil de entre el 3 y el 9 de junio. El debate generado cuestionaba el hecho de hacer o no un comunicado en conjunto, manifestando la inconformidad ante las medidas tomadas por Etecsa. Si canalizarlo a través de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) y si su representatividad abarca también plenamente a la Facultad de Matemáticas y Computación (Matcom) y cómo se llegó a la opción del paro o la no asistencia a las actividades docentes. También incluye un análisis por parte de los estudiantes con respecto al resultado de las medidas tomadas y al favorable incremento de las relaciones entre ellos y la organización estudiantil.

 

Después, en el transcurso del posterior debate se comentó acerca de la voluntad del estudiantado cubano de la universidad de La Habana para buscar los mecanismos de avanzar en un proceso de democratización en su participación y representatividad dentro de la organización estudiantil que es la FEU. Se planteó también que ante la limitación de conectividad a internet por parte de ETECSA, los estudiantes de la facultad de Matemática y de Computación (MATCOM), seguramente serían los más afectados por la mayor dependencia por la característica de sus carreras en la necesidad de uso del servicio de la informática, lo que los hace más combativos en su lucha. También se destacó, ante la falta de respuestas claras por parte de ETECSA, que los estudiantes plantearan como medida de lucha la no asistencia a las actividades docentes, de manera colectiva. Finalmente, todo este proceso fue reconocido como una experiencia positiva bajo la consigna de que su participación contribuyó en la búsqueda conjunta de mejorar el rumbo del país.

Finalmente se propuso abordar para el próximo espacio de lectura del sábado 06 de diciembre un texto tomado del boletín electrónico La Tizza, de Luis Emilio Aybar Toledo: “¿Quién tiene la culpa?”.

 

Grupo Bariloche de Solidaridad con Cuba, 01 de noviembre de 2025.

octubre 29, 2025

Círculo de Lectura # 199 – Noviembre de 2025

Círculo de Lectura # 199 – Noviembre de 2025

“FEU-MATCOM: Los estudiantes tienen la palabra”

Por Dailene Dovale de la Cruz

La Tizza Boletín electrónico

Dailene Susel Dovale de la Cruz es periodista y profesora, especializada en temas culturales y de enfoque de género/feminista. Imparte clases en la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana e integra su Grupo de comunicación institucional.

*Acababa el mes de mayo del 2025 y Cuba entraba en una nueva tormenta. Una serie de medidas implementada sin señas previas visibles por la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba (Etecsa) establecía limitaciones de conectividad a internet y un alza sustantiva en los paquetes de precios de un renglón cuyos costos de cara a la población se habían mantenido relativamente bajos desde la pandemia de la Covid-19, mientras la inflación marcaba la pauta en la mayor parte de la reproducción diaria de la vida.

En un escenario en que las redes laborales, económicas, estudiantiles, docentes y familiares encuentran en lo digital una extensión no menor y difícilmente sustituible, aparecieron las mencionadas medidas, que dieron en el clavo de un descontento popular acentuado por carencias, días difíciles en toda norma, poca luz.

Los estudiantes universitarios fueron quienes más alto y fuerte levantaron la voz dentro de Cuba. Entre ellos, resultaron particularmente organizados y decididos los de la Facultad de Matemática y Computación de la Universidad de La Habana. Unos manipularon, y hasta intentaron secuestrar, las voces de los estudiantes para sus agendas políticas; ahí están sus nombres en los grandes medios empresariales del mundo. Otros cayeron en el paternalismo neutralizador. Muchos y muchas no hicieron nada. Muchas y muchos intentaron con todas sus herramientas y sensibilidades políticas establecer, garantizar, mantener e incluso proteger un diálogo. Silvio Rodríguez les dedicaría un concierto a esos estudiantes en su propia escalinata meses después.

Por allá, en medio del vértigo, anduvo por esos días la periodista y profesora Dailene Dovale, quien realizó el trabajo paciente de conversar y recolectar testimonios, que son en sí un diario, un minuto a minuto de las emociones y anhelos de ocho muchachos y muchachas en medio de la convocatoria a la no asistencia a clases o paro estudiantil de entre el 3 y el 9 de junio. ¿Qué ocurrió entonces? ¿Qué se siente hoy? Dailene cuenta…

Así que estábamos en la colina. Sentados en un banco sin demasiada gracia, más allá del color marrón, bajo el sonido y revoloteo arriba de las aves. Pensaré en el símbolo de la Facultad de Matemática y Computación y su presencia a lo largo de estas entrevistas sobre una verdad tan manoseada que rozará en algún modo la leyenda: la no asistencia a clases por los alumnos de esa institución. Es lunes, 9 de junio del 2025, pero los protagonistas de este relato no empiezan su historia aquí, sino el viernes 30 de mayo, en que amanecen con una noticia: el cambio de tarifas en los servicios de datos móviles de Etecsa. Sobre este tema, realizamos una entrevista grupal con ocho estudiantes de Matcom,* entre quienes se incluyen miembros del secretariado, del consejo de la FEU y presidentes de brigada.

30 de mayo

Es el viernes cuando M, estudiante de Matemáticas, comprende los rumores que había escuchado la víspera. «Nada más que me levanté amanecí con una pila de mensajes, amigos. Lo que se transmitió fue bastante inconformidad respecto a estas medidas. Luego vengo para acá a la universidad. Recuerdo que ese día estábamos cerrando el encuentro de estudiantes en Saber UH con una feria científica. Entre los que estábamos debatimos respecto a esto».

«Consideramos que la vía oportuna era hacer un comunicado, donde estas medidas fueran criticadas en cuanto al costo político y social. Creo que no hubo una FEU que hablara con otra: “vamos a hacer un comunicado”, sino que muy genuinamente fue saliendo. “Caballero, hay que hablar”. La terminología depende del modo de redacción y cómo la hayan mandado. Así fue el contexto del viernes».

El primero de todos los escritos estudiantiles salió por Boomerang, de FEU-FCOM, y fue respaldado por el secretariado de Química, el Instec (Instituto Superior de Tecnologías y Ciencias Aplicadas), la FHS (Filosofía, Historia y Sociología) y Matcom (Matemática y Computación). Al preguntar sobre este punto aclara: «Al principio hubo una serie de facultades que demostraron su descontento con comunicados, que les nació representar a sus estudiantes. Las otras, a lo mejor no tenían muy clara cuál era esa forma de expresarse y viendo la forma en que lo hicieron estas, que era políticamente correcta, madura y sensata, dijeron “vamos a adoptarla”».

«Luego hubo otras facultades que hicieron comunicados. Ocurrió que había facultades que estaban esperando un comunicado de la FEU UH. Había facultades que estaban en plan “nosotros no vamos a actuar separado, vamos a hacerlo como Universidad”. Como FEU-UH no propone algo en conjunto, hay facultades que no lanzaron nada. Por eso se da la diferencia en cuanto a tiempo. Hay otras facultades que deciden actuar inmediatamente».

31 de mayo

«Desde el Consejo de la FEU de Matcom ratificamos nuestra inconformidad con las medidas puestas en vigor por Etecsa y consideramos que la posición adoptada por la dirección de la compañía no es la más adecuada.

Pedimos a nuestros estudiantes que se mantengan al tanto de la situación y que esperen el resultado de las reuniones a celebrar mañana y el lunes con la dirección de la Facultad y de la FEU, respectivamente. El lunes comentaremos lo decidido y propondremos, de ser necesario, las medidas a tomar como estudiantes de la Facultad y de la Universidad de La Habana».

Dailene Dovale: ¿Por qué elegir a la FEU para encauzar esa protesta?

M: «Hoy en día los estudiantes cubanos, por lo menos en el contexto en el que estoy, ven a la FEU como esa organización que tiene una autonomía, que no pondera, quizás, el interés de otras o la propia institución por encima del estudiante. Creo que la gente ve a la FEU como esa organización donde se plasma sin muchos tapujos lo que plantean los estudiantes, en un contexto donde se valoran muchos riesgos políticos y sociales y, por eso mismo, no se toman acciones. Por eso la gente ve a la FEU como esa vía de encauzar toda la inconformidad que existía por el cambio de tarifas de Etecsa. Hoy los estudiantes con lo que más se identifican es con su propia organización».

Dailene Dovale: Sin embargo, también surgieron críticas…

M: «Por supuesto, mientras más pequeña es la instancia de la FEU de la que estamos hablando más cercana es a la gente, que en las facultades es donde se siente más representada. La FEU de Matcom, podemos aseverar tranquilamente, que, representa a su estudiantado. Cuando empiezas a escalar… La FEU de la Universidad de La Habana no te queda tan claro que esté representando al estudiantado de Matcom; no solo por una cuestión de claridad en cuanto a la representatividad, sino que, al ser 17 facultades, hay que llegar a un consenso entre todos. Igual sucede en la FEU nacional. En las facultades la gente se siente más representada.

»Pasa también que mucha gente se ha sorprendido en cómo hoy la FEU ha representado a sus estudiantes. Quizás pensaban que la FEU era un poco más conservadora, un poco más tibia. Las FEU de las facultades lo que hacen es representar a sus estudiantes. Es lo que debían hacer y debieron haber hecho. Es una mala concepción que se piense que esto que está haciendo la FEU es algo sobrenatural. Sí es digno de aplaudir, porque llevábamos muchos años tal vez con mucha tibieza, que se rompa con eso es digno de reconocimiento, pero es su deber. La FEU hoy cumple el deber por el cual se fundó, representar a su estudiantado. El deber político y moral es representarlo.

»El estudiantado de Matcom a nivel de brigada, a nivel de consejo, llega a un consenso. Se evaluó en cada brigada, puntualmente, cada medida que se iba a tomar. Con todos estos antecedentes se tomaron las decisiones. Hay que valorar también las vías y los métodos que se utilicen, pero esas vías y métodos no pueden venir solo del consejo de la FEU, sino que tienen que venir de una construcción colectiva. Queda bastante clara la responsabilidad de los líderes estudiantiles hoy. Ha sido expresado en los espacios de diálogo que hemos tenido, como el que tuvimos con el ministro, con Etecsa o con la propia rectora. Más allá de esa conformidad/inconformidad con esos espacios, la gente se siente representada por parte de esa organización».

Dailene Dovale: ¿Y cómo llegan a la idea del paro?

M: «Nosotros nos queríamos hacer escuchar cuando estábamos en proceso de construcción de la propuesta. Entonces había que tomar una decisión. Intentamos canalizar todo ese descontento en espacios de diálogo, que dejaron bastante insatisfechos a los estudiantes. Todos estos encuentros no dejaban una visión clara de lo que se iba a hacer ante todo eso. Había una inconformidad que había que canalizar, entendiendo que la manera más tranquila y más sensata era el paro universitario, que no sale siquiera del consejo de la FEU, sino de los estudiantes que ponen sobre la mesa la opción de la convocatoria de la no asistencia a actividades docentes. Además, entendemos esto como una manera de canalizar todo, antes de que los estudiantes tomaran decisiones por sí solos en pequeños grupos que podían desvirtuar su sentir genuino (que no querían ninguna injerencia, sino preocuparse por el país que construyen). Se hicieron encuestas a nivel de brigada. Fueron aceptadas con brigadas donde hubo más del 90 por ciento. Ante la insatisfacción, decidimos tomar esta medida».

3 de junio

Canal de Telegram de Matcom. 5:18 p.m.

«Teniendo en cuenta que las explicaciones ofrecidas en los espacios de debate entre órganos estudiantiles y directivos de Etecsa no han dado soluciones factibles a los reclamos del pueblo; como universitarios preocupados por el país que estamos construyendo, convocamos, a partir del miércoles 4 de junio, a los estudiantes a no asistir a las actividades docentes en forma de protesta hasta el cumplimiento de cada una de estas demandas:

- La revocación de las nuevas medidas impuestas por Etecsa el 30 de mayo, o en su detrimento la eliminación del límite de recargas nacionales mensual, hasta encontrar nuevas soluciones que se construyan a través de la colectividad.

- La realización de un encuentro abierto a todo el estudiantado con los principales responsables de las medidas tomadas; donde se esclarezca detallada y transparentemente el contexto bajo el que estas se toman. Recalcamos la disposición de brindar nuestras capacidades intelectuales para un análisis de la situación.

- La participación conjunta en la propuesta de solución de todos los sectores de la sociedad afectados por esta medida».

«Durante la reunión el 3 de junio, antes de mi intervención, me sentí defraudada, teníamos muchas esperanzas puestas sobre la reunión, y es cierto que los funcionarios de Etecsa dieron más explicaciones que en el primer encuentro, pero insuficientes para el nivel del público universitario que los escuchaba. Cuando se filtró el video sentí miedo, miedo por lo que me pudiera pasar y no solo a mí, sino a mi entorno, pero el video es la única evidencia que existe del cese a las clases, junto a los comunicados de la FEU de la facultad», expresó L.

La importancia de los estudiantes y la FEU en la construcción de propuestas, la vitalidad de las brigadas y sus representantes como los primeros en conocer su opinión y criterios son algunos de los puntos en común entre los ocho estudiantes entrevistados. Otro punto radica en que los resultados al momento de realizarse la entrevista eran más de carácter simbólico.

«La efectividad del paro depende en parte de la eficiencia del grupo multidisciplinario, porque las respuestas reales y justificadas están ahí, aparte de que nos hicimos escuchar y construimos una mayor relación y confianza entre estudiantes y la FEU de la facultad. Una de las cosas más importantes es que movimos el piso de las estructuras de representación que no estaban funcionando. Ahora los estudiantes van a pensar un poco más a la hora de votar en una boleta y van a tener más conciencia para elegir a los líderes estudiantiles, además de sentir que tienen más poder de acción y más voz, así que en ese sentido el paro fue efectivo».

Dailene Dovale: ¿Hubo alguna presión externa?

L: «No, presión externa para seguir el paro no hubo y para detenerlo particularmente creo que tampoco, había tensión en el ambiente porque no a pocas personas le incomodaba un paro estudiantil, pero siempre se manejó internamente, [entre] estudiantes y su consejo FEU».

M: «A raíz del paro, nos trajeron al ministro de Educación Superior, se nos puso en una mesa de negociación. Eso apuró también la creación del equipo multidisciplinario y hoy tenemos en las manos el equipo conformado en las facultades que ya empezará a trabajar esta semana. Ante toda la frustración, consideramos que otras vías eran más complejas. Al estudiante de Matcom le dolió el paro. Tiene ganas de ir a clases, respeta a sus profesores, y creo que eso da una perspectiva de la inconformidad que había. El estudiante de Matcom estaba dispuesto a cesar ese proceso, a sacrificarlo en pos de resolver esto, que se nos dé algo tangible. Si decidimos cesar con las declaraciones de ayer, independientemente de que hubo avances, tuvimos logros a mí entender contundentes como la creación del equipo multidisciplinario, que obtuvimos algo. Es una manera inteligente de volver a las clases con algo en las manos».

Dailene Dovale: Un punto esencial fue rechazar privilegios y medidas sectoriales.

M: «Quizás haya que tomar medidas sectoriales, pero con todos los sectores. No con dos o tres, sino con cada uno. No dejar gente desamparada con estas medidas. Es una lucha de los estudiantes, pero de los estudiantes como seres sociales, de estudiantes universitarios para el pueblo y el país que estamos construyendo. No es solo la medida de Etecsa, la lucha es contra que se tomen medidas con este impacto social y político tan a la ligera, sin siquiera una consulta. Esta protesta, a ese nivel, parte de estudiantes preocupados por el rumbo del país. Estudiantes cubanos que quieren sentirse parte de la construcción de esto, que quieren que se les tenga en cuenta y se les escuche. Realmente por ahí va el sentido».

S: «Que haya sido la FEU la que haya tomado la iniciativa de representar a los estudiantes, ese es su objetivo, ¿no? Esta vez no fue diferente y nosotros actuamos en consecuencia. Tenemos que tener en claro que nuestra principal misión es representar la opinión de nuestros estudiantes de la manera que ellos demanden que sea representada. Al final es el mecanismo que tienen los estudiantes para expresar sus inquietudes».

E: «Un primer paso para encontrar la solución y que la gente pudiera tener un poco de más tranquilidad, sería depositar tu confianza en los profesionales que están en la facultad, tus propios profesores. En cuanto a ver esos plazos temporales que estábamos pidiendo, se logró saber que el equipo multidisciplinario iba a estar conformado por nueve facultades y que iba a estar conformado en esta semana. Se publicaron los encuentros que tuvimos tanto con el ministro, como con la rectora en las páginas de Facebook. Sí se hablaba de los encuentros que tuvimos y además de que eso de alguna manera sí denotaba que lo hicimos con una actitud para resolver problemas».

Dailene Dovale: Y a nivel individual, ¿cómo te sentiste a lo largo de este proceso?

E: «A ver, fue un proceso que a mí me gustó en el sentido de que estuvimos hasta altas horas de la noche haciendo comunicación. También fue agotador; durante el proceso, por momentos, se sintió como que no íbamos a lograr nada. Quedo tranquilizado de que todo el esfuerzo que hicimos realmente tuvo aspectos positivos. Sí iniciamos ese camino a encontrar una solución y eso es algo muy positivo que yo creo que logramos en este poco tiempo».